MÉXICO
TIENE NUEVO PRESIDENTE ELECTO
Derivado que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación
(TEPJF), máxima autoridad de México en la materia, determinó que la elección
presidencial del 1 de julio fue válida, declarando a Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario
Institucional (PRI), Presidente Electo; Frente al pronunciamiento del
representante de las izquierdas Andrés Manuel López Obrador, que expresó su
descontento por la decisión que tomó el mismo Tribunal al declarar infundada la
impugnación para anular la elección, sosteniendo que las instituciones están
secuestradas "por la delincuencia de cuello blanco", es necesario
analizar de manera imparcial que es lo que motiva lo que está sucediendo, aquí la
opinión de su servidor.
En primer término es necesario identificar que México vive
una democracia denominada “de representación”, es decir, que surge como
resultado del mandato que
supuestamente la ciudadanía ejerce a través del proceso electoral en el que se
asume que cada ciudadano votante tiene la misma capacidad de incidencia en la
gobernanza del país. Tal visión ignora el peso que representa el sesgo
electoral que favorece a las fuerzas conservadoras en el País, como en sí es el
contexto en el que se desarrolla el proceso electoral, lo cual evidentemente traduce
el gran peso que representan las diversas fuerzas políticas, de partidos, de
sectores de la sociedad, así como el resto de la configuración política en
México, influyendo enormemente tanto las televisoras, como las instituciones
públicas y los enormes corporativos nacionales. Siendo la mayor de las
influencias la desigualdad que existe en la distribución del poder
económico-político, en las diversas regiones, estados y zonas conurbadas del
País, pues ante un escenario macro de la política en México evidencia que este sistema
democrático sea realmente poco representativo.
Las políticas públicas realizadas por el panista conservador
radical Felipe Calderón Hinojosa así como las que se desarrollan en los
diversos Estados del País no corresponden a un mandato popular, puesto que el
proceso electoral no refleja evidentemente al mandato de la mayoría de la
ciudadanía, pues los incrementos a la gasolina, la reducción del gasto para programas de desarrollo social, la falsa manifestación que el seguro popular es un beneficio de seguridad social para los mexicanos, el impresionante desempleo que existe en México sin mencionar las noventa mil muertes que se tienen en el País motivó evidentemente que la elección en México fuera entre dos y no entre tres candidatos como debió ser el ideal en el País.
Seamos
honestos en México el único momento en que realmente vivimos una igualdad es
cuando vamos a votar pues el mismo valor tiene el voto de Carlos Slim que el de
su servidor, es afirmativo lo que dicen los especialistas al señalar que
nuestro sistema electoral iguala a todos los ciudadanos ante las urnas en el
día de las elecciones. Sin embargo como dice Javier Pérez Royo, en su artículo
“La erosión de la Igualdad” (El País. 12.11.11) subraya “tal
característica igualadora de la democracia indicando que esta característica
queda amenazada cuando las decisiones de los elegidos, los representantes de la
ciudadanía, responden a influencias exteriores, tales como los mercados
financieros, que rompen con este principio de igualdad, pues su poder es enorme
y fuerza a que los representantes tengan que tomar decisiones en contra del
deseo popular”.
Es
decir, que la decisión tomada por el pueblo al final será pisoteada por los
intereses externos que gobiernan el mundo, siendo evidente que el elegir a tu
gobernante no te garantiza que hará lo que a ti te conviene, sino que la
presión que recibe del exterior terminara dominando lo que en el interior es
contraproducente.
La
humilde opinión de su servidor con respecto a la calificación de la reciente
elección es que Andrés Manuel López Obrador cual Quijote de la Mancha tiene
doce años peleando contra molinos de viento nacionales y extranjeros, que lo
han pisoteado hasta cansarse y en su afán de buscar ganar en pleno proceso
electoral, se prestó a diferencia de hace seis años, a ofrecer su corazón a
esos mismos intereses externos, que hace seis años le negaron la entrada a los
pinos, valido tal vez, pues en toda contienda lo que buscas es ganar; aceptable,
tengo mis dudas, pues la esencia de un líder de las características de AMLO no
se puede modificar como la de otros supuestos líderes pragmáticos, pues hasta
donde yo entendía AMLO era líder ideológico y no un líder de ocasión, o por lo
menos así se vendió hace seis años, lo cual motivó su caída en las dos o tres últimas
semanas de la elección, nunca supo como hace seis años, lograr comunicarse o
conectarse con el electorado y con los votantes, pues nunca creyó en las
estrategias de campaña que le impusieron, luchó y fue creando pacientemente en
los pasados seis años una estructura que daba miedo, pues se trataba de millones
de almas mexicanas que no se mantenía con dinero, sino con creencias firmes y
reales, pero las torpezas, las envidias, los rencores, las desidias de los
partidos de izquierda y de sus líderes que chistosamente hoy son los lideres o
representantes de sus bancadas en la cámara de diputados y senadores, esos
mismos que provocaron la derrota del Peje, hoy disfrutan de una dieta
millonaria.
Entendamos
que el Peje no perdió por Enrique Peña Nieto y las diversas estrategias,
acciones y movimientos que realizó el actual Presidente Electo, AMLO perdió por
el mismo y por sus operadores, pero también perdió porque vivimos en un sistema
político que es de pocos y que estos pocos tiene aun en sus manos todos y cada
uno de los hilos que deciden el rumbo del País, esa es la democracia en la que
vivimos y tanto responsable es el Tribunal Federal Electoral, como el IFE, los
partidos políticos, AMLO y nosotros los ciudadanos, para que el resultado fuera
el que hoy existe.
Si
realmente nos sentimos y somos demócratas, es nuestra obligación reconocer y
aceptar el triunfo de quien ganó y ese es Enrique Peña Nieto, pues él supo
jugar este juego, con las reglas que existen y bajo las condiciones dadas, así
que en horabuena a nuestro nuevo Presidente Electo Enrique Peña Nieto y al PRI,
todos los mexicanos tenemos que renovar nuestras esperanzas y generarnos
ilusiones con este nuevo gobierno que llega, esperando que no solo sea mejor
que el actual gobierno, pues no es mucho lo que hay que alcanzar, sino que
realmente sea el inicio de un verdadero despegue de nuestra nación, buscando
alcanzar a países como Brasil, poner a México de nuevo en el mejor país de Latino-América
para después buscar ser uno de los mejores a nivel internacional, esperemos por
el bien de nosotros, nuestros hijos y nietos que este México a partir del 1 de
diciembre del 2012, sea el inicio de el México que todos queremos tener, un México
potencia.
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